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DECLARACIÓN
DE LOS AFRODESCENDIENTES ANTE EL FORO DE LAS AMÉRICAS POR LA
DIVERSIDAD Y LA PLURALIDAD
Quito, Ecuador 13 al 16 de
marzo de 2001
PREÁMBULO
Teniendo
presentes los principios, normas y reglas de los instrumentos
internacionales relativos a la promoción de los derechos
humanos, y en particular la Carta de las Naciones Unidas, la
Declaración Universal de Derechos Humanos, el Pacto
Internacional de Derechos Civiles y Políticos, y la
Convención Internacional sobre la Eliminación de todas
las Formas de Discriminación Racial, reafirmando el
compromiso de los pueblos de las Naciones Unidas en realizar los
derechos fundamentales del hombre, en la dignidad y el valor de la
persona humana y en la igualdad de derecho de hombres y mujeres;
promoviendo el progreso social y elevando el nivel de vida de un
concepto más amplio de la libertad;
Observando
también que la Asamblea General de las Naciones Unidas en su
resolución 52/11 de 12 de diciembre de 1997, en la que
decidió convocar la Conferencia Mundial contra el Racismo, la
Discriminación Racial, la Xenofobia y las Formas Conexas de
Intolerancia, fijó como uno de los principales objetivos de
la Conferencia el análisis de los factores políticos,
históricos, económicos, sociales, culturales y de otro
tipo que conducen al racismo, la discriminación racial, la
xenofobia y las formas conexas de intolerancia;
Conscientes
de que la Conferencia Mundial debe examinar detenidamente la
compleja interacción existente entre la discriminación
basada en la raza y la discriminación basada en otros
motivos, así como la marginación económica y la
exclusión social; demandar que la ONU, la OEA y los Estados
en la Región reconozcan a los pueblos afrodescendientes y que
desarrollen legislación, políticas y programas para
proteger y promover los derechos civiles y políticos de estos
pueblos y dentro de sus respectivos Estados y a ser incluidos en
todos los niveles del proceso de la conferencia mundial.
Reconocemos
que los pueblos afrodescendientes somos los sobrevivientes
del mayor holocausto de la historia contemporánea,
distribuidos como seres esclavizados, considerados no humanos a
través de las Américas, Europa, Asia y Africa. La
trata esclavista, el colonialismo, la segregación, otras
formas de racismo contemporáneo, la discriminación
racial, el efecto traumático del desplazamiento forzado, la
explotación sexual, la humillación a la dignidad
humana mutilan y secuestran las habilidades para alcanzar sus
potencialidades como ciudadanos iguales del mundo y condena las
actitudes e indiferencias de la comunidad internacional que continúa
ignorando y ahondando las prácticas contemporáneas de
esclavitud.
Reconociendo
los resultados del trabajo y aporte realizado por los pueblos de
América, dentro del proceso preparatorio de la Conferencia,
ratificados en el proyecto de Declaración y Plan de Acción
de Santiago y, en particular, las áreas temáticas que
incumben a los pueblos afrodescendientes.
Enfatizando
que las diferentes instancias preparatorias de esta conferencia
permitieron identificar claramente que el pueblo afrodescendiente es
un grupo vulnerable y víctima del racismo y discriminación
racial, sin perder de vista la perspectiva universal del tema,
logrando articular una visión específica sobre las
particularidades subregionales y nacionales en concordancia con los
temas centrales que propone la Conferencia Mundial.
Resaltando
que los vínculos de los pueblos afrodescendientes con la
trata esclavista, como fuerza de trabajo, contribuyó
significativamente al desarrollo de las naciones, nos ubica en
hacedores de un hecho histórico que aceleró el rumbo
de la humanidad y que por lo tanto, nos constituye como sujetos de
una deuda universal.
Reconociendo
también que las diferentes instancias preparatorias de esta
Conferencia permitieron identificar que existe un fenómeno
denominado "racialización y etnización de
pobreza" que, sumado a la ya reconocida feminización de
la pobreza, debe enfrentarse con la incorporación de las
perspectiva etnoracial en todas las políticas específicas
que se impulsen para combatir la pobreza de los pueblos
afrodescendientes y en especial de las mujeres y jóvenes
afrodescendientes.
Reafirmando
los principios, normas, reglas e instrumentos internacionales
relativos a la promoción de los derechos de las mujeres,
contenidos en las convenciones, declaraciones y pactos
internacionales.
DECLARAMOS:
Afirmamos
que debemos ser tratados con equidad y respeto a la dignidad, que no
debemos sufrir discriminación alguna por origen, cultura,
color de piel, religión, lengua, agravadas por causa de la
edad, el género, la orientación sexual, la
discapacidad y la posición socioeconómica. Por lo
tanto, tenemos el derecho a nuestra cultura y a nuestra propia
identidad, a participar libremente en igualdad de condiciones en la
vida política, social, económica y cultural, al
desarrollo en el marco de nuestras propias aspiraciones y
costumbres.
Denunciamos
que la exclusión del tema de los pueblos
afrodescendientes en la Agenda propuesta por la Alta Comisionada de
Derechos Humanos para ser considerada en la Tercera Conferencia
Mundial sobre Racismo, Discriminación racial, Xenofobia y
formas conexas de Intolerancia, constituye una contradicción
al espíritu y la propuesta de la Conferencia Mundial.
Reconocemos
el aporte de las mujeres afrodescendientes en la construcción
de las sociedades y países de América y el Caribe y
que todas las formas en que se manifiesta el racismo, la
discriminación y la xenofobia tienen connotaciones
particulares y se agudizan especialmente en las mujeres
afrodescendientes.
Reconocemos
los derechos de los pueblos afrodescendientes y especialmente de las
mujeres afrodescendientes a disfrutar del desarrollo, calidad de
vida con trabajo, educación, salud, recreación y una
verdadera participación política.
DECLARACIÓN
Exigimos
a los Estados que reconozcan y valoren los quinientos años
de contribución de los afrodescendientes a la riqueza
económica, cultural, lingüística, artística
y a la identidad histórica de las Américas.
Demandamos
que la esclavitud y la servidumbre de pueblos afrodescendientes,
cuyas secuelas aún están vigentes, amparadas en la
ideología racista y colonialista, constituyeron crímenes
de lesa humanidad. Esta Declaración recuerda el derecho de
los pueblos a la reparación, y señala a los Estados
que comiencen la reparación como obligación moral y
ética que debe orientar las políticas nacionales e
internacionales en sus países y a los organismos
internacionales como los llamados a gestionarla y servirla. Esto
requerirá discusiones serias y profundas con
afrodescendientes en todos los países.
Demandamos
que los Estados demuestren voluntad política para acabar con
el racismo y el desbalance de poder y riquezas en perjuicio de los
afrodescendientes, producto del genocidio, esclavitud, racismo y
otras formas de explotación. Instamos a los Estados a que
reconozcan que estos actos han impedido el desarrollo de los pueblos
afrodescendientes.
Demandamos
a los Estados a desarrollar legislaciones, políticas y
programas para reconocer los derechos de los pueblos
afrodescendientes a sus tierras ancestralmente habitadas y a los
territorios y recursos naturales. Llamamos a los Estados a
reconocer los derechos de los afrodescendientes a la administración,
control y uso de estos recursos naturales a través de
practicas tradicionales.
Llamamos
a los Estados a denunciar y poner fin a la presión
sistemática aplicada por métodos administrativos y
legales para privar a los descendientes de africanos de sus tierras,
territorios y recursos naturales. Tales presiones amparadas por los
Estados han resultado en el desplazamiento interno, migración,
altos niveles de pobreza y la destrucción de familias,
culturas y ecosistemas.
Llamamos
a los Estados a respetar, proteger y promover las identidades
religiosas de los afrodescendientes, a cesar la persecución
religiosa, social y económica de grupos tales como los
Rastafari u otras expresiones de espiritualidad Africana.
Identificamos
también que el fenómeno del racismo estructural y
sistemático encubierto en prácticas de organismos
estatales, las políticas públicas, las inversiones
para el desarrollo que son implementados por los Estados a partir de
la invisibilización y la negación de las consecuencias
del racismo y la discriminación practicada contra los
afrodescendientes, ha profundizado la desigualdad y las violaciones
a los derechos fundamentales, económicos, sociales y
culturales.
Exigimos
a los medios de comunicación de masa, la eliminación
de estereotipos, imágenes peyorativas de la estética,
los valores culturales y religiosos de las personas y pueblos
afrodescendientes.
Exigimos
el desarrollo de propuestas curriculares en la formación de
los docentes sobre la contribución de este pueblo en la
construcción de nuestros respectivos países,
contribuyendo al aumento del racismo, la discriminación y la
xenofobia.
Demandamos
la inclusión de los pueblos afrodescendientes en los planes
de desarrollo sociales, económicos, culturales y educativos
como un instrumento para eliminar los mapas de pobreza y la ausencia
de investigación sobre la situación racial, el racismo
y otras formas de intolerancia.
Demandamos
a los Estados la responsabilidad de implementar políticas
públicas de Acción Afirmativa, de corto, mediano y
largo plazo, para lo cual se requieren recursos estatales y recursos
de los organismos internacionales.
Denunciamos
las condiciones inhumanas de las prisiones, que afecta desigualmente
a los afrodescendientes y exigimos la abolición definitiva de
la pena de muerte, porque es contraria a todos los principios e
instrumentos de los derechos humanos, cuya aplicación está,
además, sesgada por prejuicios racistas.
Reclamamos
el reconocimiento que hasta el momento los Estados no han
garantizado el disfrute pleno de los derechos sexuales y
reproductivos y que, más bien, los cuerpos de las mujeres
afrodescendientes han servido como laboratorios de experimentación,
negándoles no sólo el derecho a la información
sino a tomar decisiones sobre sus propios cuerpos.
Exigimos
incorporar políticas públicas de acciones
afirmativas en favor de las mujeres afrodescendientes orientadas a
disminuir la brecha existente entre mujeres y hombres, potenciando
las capacidades productivas de las mujeres afrodescendientes así
como su inserción exitosa al mercado de trabajo, por medio de
la educación y la capacitación técnica en
actividades que promuevan la equidad de género y la calidad
de vida.
Alentamos
a los Estados a identificar los factores que impiden el acceso y
ascenso de los afrodescendientes en el servicio público y a
tomar medidas para eliminar las barreras identificadas. Así
como al sector privado, a realizar sus prácticas de
contratación, remuneración y ascenso de personal, con
miras a asegurar la presencia de afrodescendientes en todos los
niveles jerárquicos.
Solicitamos
a los Estados que practicaron y se beneficiaron con la trata
esclavista a reconocer las agresiones y el dolor infligido a los
pueblos afrodescendientes y que inicien un diálogo
constructivo, dirigido a identificar y aplicar medidas de
satisfacción de tipo ético, legal y otras que pudieran
ser convenidas.
Demandamos
de los Estados y los organismos internacionales el desarrollo
de programas que garanticen el acceso afirmativo a las tecnologías
de comunicación y desarrollo, para garantizar que no se siga
abriendo la brecha de desarrollo que excluye a afrodescendientes.
Se debe impulsar este acceso afirmativo con equidad para las
mujeres.
Exigimos
a los Estados garantizar el derecho ancestral a las
tierras y territorios, así como el manejo y control de los
recursos ambientales y productivos, de manera equitativa entre
mujeres y hombres afrodescendientes.
Instamos
a los Estados a reconocer el derecho de propiedad de las tierras
ancestralmente ocupadas por los afrodescendientes, definiendo los
marcos legales en los países donde no existan, titulando esos
territorios, así como adoptando medidas que promuevan el
desarrollo integral de los afrodescendientes que las ocupan.
Demandamos el compromiso de los organismos de
cooperación internacional a priorizar a los pueblos
afrodescendientes para el fortalecimiento organizativo, promoción
del liderazgo, desde una perspectiva de las personas involucradas y,
de manera especial, en las mujeres.
Instamos
a los Estados y organismos internacionales para la
ampliación de formas más democráticas en los
medios de comunicación, como instrumento para combatir el
racismo, sexismo y discriminación en su forma más
amplia.
Exigimos
a los Estados e instituciones financieras y de desarrollo y a las
vinculadas al Sistema de Naciones Unidas desarrollar políticas
que prioricen y destinen fondos en áreas de competencia para
mejorar la calidad de vida de los afrodescendientes, prestando
especial atención a sus necesidades en los países en
desarrollo, integrándolos en la preparación y
ejecución de los mismos.
Exigimos
a los Estados e instituciones financieras y de desarrollo y a
las vinculadas al Sistema de Naciones Unidas, la formulación
de proyectos especiales, por los conductos apropiados y con la
participación de los afrodescendientes, para apoyar
iniciativas a nivel comunitario y facilitar el intercambio de
información y conocimientos técnicos entre los pueblos
afrodescendientes.
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