Declaración
de Principios preparado por el Grupo de Trabajo sobre Migrantes para
El Foro de las Américas por la diversidad y la pluralidad,
Quito, Ecuador, 13-16 de marzo, 2001
Las
organizaciones comunitarias, de base, sindicatos, indígenas,
afrodescendientes, ONGs de derechos de los/las migrantes y
refugiados, e individuos participantes en el Grupo de Trabajo
sobre los Migrantes del Foro de las Américas por la diversidad
y la pluralidad en Quito, Ecuador, declaran que:
Preámbulo
Considerando
que la Declaración Universal de Derechos Humanos proclama
que todo ser humano nace libre e igual en dignidad y derechos y que
todos/todas tenemos los mismos derechos y libertades expresados en
ella, sin distinción de cualquier tipo, en particular, sin
distinción de raza, color de piel, género, edad,
habilidad física y mental, condición migratoria, clase
social, ingresos, bienes, riqueza, etnicidad, nacionalidad, lugar de
origen, ciudadanía, orientación sexual, creencia
religiosa y política.
Tomando
en cuenta el marco legislativo de la Conferencia
Mundial contra el Racismo, la Discriminación Racial, la
Xenofobia, y las Formas Conexas de Intolerancia,
siendo la Carta Magna de las Naciones Unidas,
la Declaración Universal de Derechos Humanos,
el Pacto Internacional de Derechos Civiles y Políticos,
el Pacto Internacional de Derechos Económicos,
Sociales, y Culturales, y los
respectivos Protocolos Opcionales;
la Convención Internacional sobre la Eliminación
de la Discriminación Racial,
la Convención sobre la Eliminación de la
Discriminación contra la Mujer,
la Convención contra la Tortura y Otras Prácticas
y Castigos Crueles, Inhumanos o Degradantes,
la Convención sobre los Derechos de los Niños/las
Niñas, y acuerdos y
resoluciones conexas y relevantes adoptados por las agencias y
cuerpos de las Naciones Unidas.
Reconociendo
que la migración actual es un movimiento forzado de
comunidades, individuos, y pueblos dentro de naciones y a través
de fronteras, provocados por la globalización y la
reestructuración económica neoliberal, los conflictos
armados, las guerras, y el desarrollo insostenible que resultan en la
destrucción ecológica.
Quiénes
somos
La
historia tiene una deuda de más de 500 años con los
pueblos migrantes, por lo que declaramos que:
Ningún
ser humano es minoría, que ningún ser humano es
indocumentado, y que ningún ser humano es ilegal.
La
migración contemporánea es un fenómeno histórico
de desplazamiento forzoso de la humanidad que a través del
tiempo ha ocurrido por múltiples razones. EN América,
los procesos de acumulación del capital, la revolución
industrial y las determinaciones geopolíticas han impuesto una
migración de carácter violento, de despojo y
sometimiento a gran parte de nuestros pueblos. Actualmente, la
imposición de políticas neoliberales han agravado aún
más la situación de empobrecimiento y violaciones de
los derechos humanos de nuestros pueblos.
Entonces,
reconocemos que la migración, particularmente la migración
de trabajadores/trabajadoras, pueblos indígenas,
afrodescendientes, Rom, y otros pueblos y comunidades vulnerables al
racismo, la violencia racista y las discriminaciones múltiples,
no ha sido una elección sino una necesidad para migrantes y
sus familias para sobrevivir a la pobreza masiva impuesta, a la
discriminación, y a los conflictos internos de origen racial,
étnico, y de género.
Somos
una comunidad de diversos pueblos, etnias, nacionalidades, idiomas,
valores, cosmovisiones, costumbres y tradiciones.
Forzados
muchas veces a abandonar nuestros hogares, comunidades, tierras, y
países en busca de trabajo para sobrevivir, o personas
traficadas, principalmente mujeres y niñas y niños.
Cruzamos
fronteras nacionales, donde se nos da trabajos que son los peores
pagados y se nos niega y se abusa de nuestros derechos humanos,
civiles, políticos, sociales, culturales, laborales y
ambientales.
Sufrimos
leyes, medidas, prácticas, y explotación racistas,
xenofóbicas, lesbofóbicas, homofóbicas,
sexistas, e intolerantes en los países receptores. Se nos
niega y se viola nuestros derechos a la nacionalidad, a la identidad,
la ciudadanía, derechos civiles, políticos, humanos y a
la auto-expresión y auto-determinación, tanto en el
país de origen como en el país receptor.
Las
políticas de ajuste económico y estructural de
privatización de servicios sociales, educativos y de salud,
los recortes presupuestarios, la derogación de derechos y
protecciones civiles, políticos, laborales, y ambientales, la
desregulación y reregulación de la inversión y
la movilidad del capital, son las responsables del empobrecimiento y
las desigualdades entre países y al interior de los países.
Como consecuencia, la migración, especialmente entre países
limítrofes, lleva a la criminalización de las personas,
el no respeto de sus derechos humanos y la visión negativa de
las/los migrantes. El capital crece en base de la mano de obra
barata, la criminalización de los/las migrantes, las personas
no calificadas, el cual nos desecha y nos reemplaza en el contexto de
desarrollo tecnológico, recuperándonos sólo como
factor económico explotado.
Somos
más de 150 millones de migrantes económicos y
refugiados/refugiadas en el mundo. Una de cada 50 personas es
migrante o refugiado. Proveemos una fuente de ingresos económicos
a los países de origen pero esto a un costo humano social y
culturalmente elevado para los trabajadores/las trabajadoras,
familiares y comunidades.
Estamos
expuestos a crímenes de odio, xenofóbicos,
lesbofóbicos, homofóbicos, sexistas, y racistas
vulnerables a la cacería humana, la explotación por
parte de traficantes de personas, de tratantes de blancas, usureros,
supuestas agencias de viaje, autoridades de migración y otras
formas de explotación.
Somos
criminalizados, encarcelados, y detenidos por los Estados sólo
por ser migrantes.
Nuestras
familias son separadas por causa de la migración para
sobrevivir.
La
diversidad del proceso migratorio en la actualidad, exige medidas de
protección de parte de los gobiernos a los derechos de todos
los tipos de migración y a los sectores que los conforman,
incluyendo a pueblos indígenas, afrodescendientes, Rom,
mujeres, niñas/niños, tercera edad, personas
discapacitadas, refugiados políticos, económicos, y
religiosos, desplazados/desplazadas por la economía mundial.
Los
migrantes exigimos medidas, prácticas, y políticas que
aseguren el respeto y la conservación de nuestras culturas, la
documentación de todos los/las migrantes y sus familiares, el
reconocimiento de nuestras capacidades, tanto profesionales,
técnicas, como de experiencia de trabajo, y de nuestro aporte
económico, social, político, y cultural.
La
migración interna, por motivos económicos o por
desplazamientos forzados, debe ser reconocida como parte del fenómeno
migratorio con efectos negativos enormes a nivel de trabajo mal
remunerado, pérdida de nuestra tierra y de nuestra cultura, de
derechos civiles, desaparición o extinción de los
pueblos de origen, en particular las mujeres, las niñas y
niños. Unida a la reestructuración, la ausencia de
protección de los lugares de origen y de las culturas
ancestrales en favor de la explotación de las tierras y los
pueblos por los capitales, es una de las causas de los
desplazamientos internos.
En
el contexto de transnacionalización, los gobiernos deben
proteger los derechos de la población de origen con la
finalidad de evitar la destrucción de los ecosistemas, la
explotación de la mano de obra nacional, la migración
económica, la explotación salvaje de las riquezas
naturales, la pérdida de la diversidad humana.
Denunciamos
que en aras de acumular ganancias, el movimiento del capital a través
de fronteras nacionales es promovido y facilitado, pero la movilidad
del trabajo es restringido y controlado. La creencia de que los
migrantes son económicamente necesarios pero socialmente
indeseables premia los logros económicos mientras que
compromete y viola de manera criminal los derechos humanos de los/las
migrantes.
Reconocemos
que el tráfico de personas, especialmente de mujeres, niñas
y niños, está incrementándose de forma alarmante
como una forma contemporánea de esclavitud, causada por
estereotipos raciales, la desigualdad de género y la
explotación económica, haciendo víctima de forma
especial a mujeres, niñas y niños.
Por
lo que:
Declaramos,
condenamos, y denunciamos las siguientes manifestaciones de racismo,
discriminación, xenofobia, y las formas conexas de
intolerancia en la experiencia de trabajadores/trabajadoras migrantes
y personas traficadas.
Afirmamos
la primacía de los derechos de todos los pueblos a su
desarrollo íntegro y pleno.
Declaramos
que el proceso migratorio es juzgado como un elemento negativo y las
políticas de los países receptores provocan efectos
tales como la criminalización, el empobrecimiento y la
exclusión de las/los migrantes y sus familiares.
Los
migrantes somos protagonistas de un nuevo orden mundial, vivimos un
nuevo tiempo de encuentros de distintos pueblos, culturas, y
comunidades.
Lo
que queremos y denunciamos:
Denunciamos
políticas, prácticas, medidas y leyes migratorias y
laborales restrictivas y excluyentes.
Denunciamos
políticas, prácticas, medidas y leyes discriminatorias
y xenofóbicas que violan los derechos de los / las migrantes.
Repudiamos
actitudes, prácticas, medidas y leyes xenofóbicas que
culpan a los/las migrantes y las personas traficadas por los
problemas socio-económicos del país receptor.
Repudiamos
leyes, políticas y prácticas que violan los derechos
de acceso de trabajadores/trabajadoras migrantes a servicios
sociales, educativos, y de salud.
Repudiamos
la informalización del trabajo migrante, por ejemplo, la
falta de términos claros en las cláusulas de empleo,
ausencia de leyes y políticas que reconocen y protegen los
derechos de los/las migrantes.
Denunciamos
las leyes, políticas, medidas y prácticas que
criminalizan a los/las migrantes.
Queremos
que cese inmediatamente el despojo y explotación de nuestros
territorios, tierras, y recursos que son la causa del desplazamiento
y migración de nuestros pueblos. Los gobiernos tienen que
trabajar con los pueblos indígenas, afrodescendientes, Rom,
los/las migrantes, particularmente las mujeres, las niñas y
los niños, para la plena observancia de los derechos humanos
de todas/todos tanto dentro y fuera de sus países, donde se
suscitan las migraciones.
Queremos
el derecho a la movilidad internacional con plenas protecciones y
dignidad frente a la movilidad del capital a través de las
fronteras.
También
exigimos el derecho a quedarnos con nuestras familias, en nuestras
comunidades, tierras y países con el derecho a vida y trabajo
digno y justamente remunerado.
Exigimos
a los estados a ratificar o acceder a la Convención
Internacional sobre la Protección de los Trabajadores
Migrantes y los Miembros de Sus Familias.
Sobretodo,
exigimos trabajo, educación, vivienda, comida, servicios
sociales y de salud, derechos de la mujer, cultura, tierra, igualdad,
justicia, democracia, derechos ambientales, la autodeterminación
y la libertad.