Propuestas
de las Mujeres Trabajadoras del Sexo del Programa La
Sala/Fedaeps/Ecuador, en el marco del Foro de las Américas
por la Diversidad y la Pluralidad.
Quito,
12 al 16 de marzo/2001
Las
trabajadoras del sexo ecuatorianas, organizadas en el Programa La
Sala de FEDAEPS, que promociona los derechos de la diversidad
sexual, participantes en el Foro de las Américas por la
Diversidad y la Pluralidad, expresaron su interés porque a
través de este espacio se pueda plantear a la ONU y a los
diversos gobiernos de los países, la exigibilidad del respeto
a sus derechos humanos en tanto mujeres y como trabajadoras sin
discriminación por la actividad laboral que realizan a través
de la oferta de servicios sexuales.
Karina
Bravo y Jesús Suárez, promotoras de La Sala, indicaron
que esta discriminación niega las historias y situación
real de las mujeres de los países subdesarrollados, que aún
en contextos de pobreza y lucha por la sobrevivencia, a través
del trabajo sexual han reivindicado procesos de autonomía
capaz de permitirles escapar de relaciones de violencia
intrafamiliar, religiosa y racial.
Ellas
reconocen que el impacto de las políticas neoliberales y del
modelo de globalización está conduciendo al mayor
empobrecimiento y falta de equidad para la población sobre
todo femenina, determinando la migración masiva de mujeres a
los países industrializados, donde son víctimas del
racismo, el tráfico y la xenofobia, así como de
relaciones de explotación y esclavitud doméstica y
sexual. Esto debe ser penalizado como delito grave, señalaron,
sin que ello se utilice en perjuicio del derecho de las migrantes
para tener empleos legales y movilizarse libremente en los países.
Que
los estados emitan disposiciones legales para que las mujeres que
están en el trabajo sexual accedan a condiciones de trabajo
que garanticen su seguridad, salud e higiene, así como el
respeto a sus derechos humanos en contra de cualquier tipo de
discriminación, violencia y explotación. Más
que de hacer factible el derecho a la libre determinación
sobre el propio cuerpo y sexualidad de las personas, así como
de la capacidad de las mujeres para tomar decisiones económicas,
se trata de que los organismos y países miren la realidad de
un gran porcentaje de la población femenina, que actualmente,
por falsos escrúpulos y consideraciones, nos debatimos en el
limbo, mientras que es la gran industria del sexo la que cada día
se favorece y enriquece a costa de mujeres, niños, niñas
y jóvenes del tercer mundo.