Patriarcado y militarización

Para no confundir el cebo con la manteca

2008-10-05 00:00:00

Entender el patriarcado como sistema de dominación que perpetúa y refuerza el control sobre la vida de las mujeres y, en especial, sobre su cuerpo y su identidad fue uno de los temas discutidos en el día de ayer en una de las mesas de trabajo del II Encuentro Hemisférico frente a la Militarización que tiene lugar en “La Esperanza”, Intibucá, Honduras y que reúne a unos 700 participantes de diversas organizaciones, redes y campañas continentales.
 
Integrantes de diferentes movimientos de mujeres, feministas, liderezas de organizaciones y comunicadoras intercambiaron acerca de la necesidad de socializar y profundizar críticamente sobre este concepto, sus referentes históricos y el modo en que influye en la vida, el trabajo y las relaciones individuales y sociales, las subjetividades y la cultura que refuerza un patrón marcadamente discriminatorio y excluyente, montado en la lógica del poder heterosexual, blanco y masculino.
 
Y como para no confundir el cebo con la manteca, se analizó desde las múltiples voces de las mujeres de nuestro continente, las difíciles y duras condiciones en que viven millones de mujeres negras, indígenas, pobres desplazadas, violentadas, asesinadas, invisibilizadas y excluidas. Sus historias no aparecen en los grandes medios de comunicación ni tampoco son tenidas en cuenta, como debería ocurrir, en las políticas sociales, de salud, educación y cultura  y en las leyes de muchos gobiernos. Ellas, junto a los niños y las niñas y las ancianas y los ancianos constituyen la parte más vulnerable de la sociedad. Ellas son las que resisten las guerras, los conflictos étnicos, y llevan sobre sus cuerpos las marcas de la violencia que genera la militarización, una estrategia imperialista que no se agota en la implantación de planes  guerreristas, bases militares sino en proyectos que buscan apropiarse de las culturas y los recursos naturales como el agua, la tierra, las semillas y los conocimientos ancestrales de nuestros pueblos.
 
Por increíble que parezca todavía funcionan y se reproducen en nuestras sociedades prácticas violatorias de los derechos las mujeres que surgieron en los inicios de la sociedad esclavista donde ellas podían ser fácilmente maltratadas y atropelladas, cambiadas o regaladas, compradas y vendidas, no solo para el matrimonio sino traficadas para la prostitución.
 
El tema parece haberse detenido en el tiempo, pues hasta en las llamadas sociedades instruidas o avanzadas, a la cultura de los hombres le resulta “difícil distinguir” entre violación y sexo consensual, porque en el patriarcado las preferencias del hombre tienen mucho peso y las de la mujer son casi nulas.
 
La militarización de nuestras naciones las afecta de modo directo y concreto en su cotidiano de vida pues reproduce y multiplica la dominación patriarcal y ahonda las diferencias entre los privilegios otorgados históricamente al varón mediante las convenciones sociales, las prácticas religiosas, jurídicas y las organizaciones políticas. 
 
La mexicana Martha Figueroa se refirió a cómo   el patriarcado tiene que ver con el control del cuerpo de las mujeres. “En cualquier conflicto, y hay ejemplos de ello en todo el continente, dijo, nuestro cuerpo se vuelve un campo de batalla donde se ejercen las más crueles violaciones”.
 
Por otra parte, expresó, “hay que entender que la izquierda o movimiento social que no vaya con el derecho de las mujeres, que no acompañe y visibilice su lucha, no puede llamarse revolucionario”.
 
Otra compañera de El Salvador se preguntó “a dónde dirigimos nuestros esfuerzos como mujeres, cómo nos unimos y logramos que respeten nuestros derechos si sólo nos toman en cuenta, en el mejor de los casos, cuando más les conviene, en el momento de las elecciones y luego nos voltean la cara”.
 
Por su parte, una compañera nicaragüense explicó cómo “las mujeres no estamos en los espacios políticos aunque somos las que salimos a luchar. No estamos siendo parte de esas decisiones. Somos nosotras mismas las que nos organizamos y planificamos acciones conjuntas para defender la vida. Y qué pasó cuando terminó la guerra. Nos excluyeron y cerraron nuestro espacio. Entonces no hubo otra que regresar a la casa. Tomamos la agenda social como parte de nuestra agenda pero cuando necesitamos que ellos participen en nuestra agenda es imposible, en especial, en el tema de las violaciones y los derechos sexuales y reproductivos.
 
La firma de un pacto político a propuesta de las mujeres fue otro de los ejemplos expuestos por una compañera de Chiapas, México. Ella explicó que “este pacto permite trabajar en la prevención de la violencia contra las mujeres y comprende mecanismos que sirvan para actuar en consecuencia cuando haya agresiones contra las mujeres. Afortunadamente varias asociaciones femeninas y mixtas ya lo han firmado”.
 
¿Qué hacer entonces frente a estas realidades? ¿Qué nuevas estrategias y articulaciones  pueden construirse para hacer visible la lucha contra ese modelo excluyente, injusto, desigual y violento que genera el sistema capitalista? ¿Cómo se organiza, moviliza y trasciende toda la experiencia acumulada de las mujeres latinoamericanas en las luchas sociales del continente?
 
Entre las propuestas hechas por la mesa de trabajo “Patriarcado y militarización” se expusieron las siguientes:
 
Luchar por la paz, en contra de la guerra y por un mundo sin armas.
 
El derecho al trabajo y al empleo digno, revalorizando la economía del cuidado como la lógica deseable para las economías nacionales así como para el conjunto de la economía mundial.
 
Denunciar por todas las vías y medios posibles las discriminaciones y múltiples dominaciones a la que están sometidas las mujeres en esta parte del continente, en especial, el patriarcado, el capitalismo, las guerras, la militarización, la emigración, la trata de blancas, la violencia social y doméstica, el control de los derechos a decidir sobre sus cuerpos.
 
Rechazar los proyectos de los agronegocios, biocombustibles y el monocultivo.
 
Luchar por la defensa de la tierra, el agua, las semillas y los conocimientos ancestrales de los pueblos.
 
Proyectar propuestas y agendas desde el movimiento de mujeres sobre sus luchas para que sean tenidas en cuenta en las agendas de los movimientos sociales y populares del continente.
 
Lograr un pronunciamiento sobre el tema de patriarcado y los impactos de la militarización en la vida de las mujeres en el Foro Social Américas, de Guatemala.
 
Proponer un debate y pronunciamiento público sobre el fundamentalismo religioso y los derechos de las mujeres a decidir sobre sus cuerpos